Los Carulli - Capítulo 4
"El amor en tiempos de Dictadura"
En cuanto a la ideología política de mis nonnos, podría decirse que eran conservadores. A Ovidia la política en realidad nunca le interesó, en cambio, Francesco tenía una postura más firme: era fascista, y solía afirmar que en nuestro país “hacía falta un militar al mando como Mussolini que ordenara las cosas”. De hecho, cuando en 1976 ocurrió el golpe militar, el nonno festejó. Este festejo y sus pensamientos autoritarios era un tema de pelea constante con su hija Lita que tendría por esa época unos 18 años y que empezaba a “descubrir el mundo” fuera de su hogar con sus diferentes ideologías. Ella ya se perfilaba como una mina progre.

A finales de los años ´70, el nonno Francesco no quiso que su hija mayor fuera a la facultad. A pesar de que Lita en el secundario había sido una alumna ejemplar, él lo creía innecesario para una futura esposa y ama de casa. Insistió muchísimo en que estudiara algo de corte y confección, pero finalmente tuvo que ceder ante la insistencia de su hija que definitivamente quería ser contadora. Como era de esperarse, y siempre bajo la exigente mirada de su padre, a ella también le fue muy bien en la Universidad de Buenos Aires. Y cuando finalmente se graduó él se lo contaba orgulloso a todo el mundo; hasta quería poner una placa en la puerta de su casa que dijera “Angela Carulli, Contadora Publica”, solamente para presumírselo a sus vecinos. Con Hilda, en cambio, fue siempre más comprensivo y no puso objeciones para que ella estudiase años después el profesorado de matemáticas.

Cuando Lita cursaba el segundo año de la carrera, Francesco le consiguió empleo en el Banco Cooperativo del barrio donde él operaba. Resulta que negociando la tasa de su plazo fijo terminó poniéndole como condición al gerente que contratara a su hija, ya que era “casi contadora”, según sus palabras, y éste finalmente accedió. Así que el tano y el gerente fueron esa misma tarde hasta la puerta de su casa para contarle la buena noticia a su hija. Así fueron los inicios de Ángela en su carrera bancaria dentro del Credicoop, donde conocería a su futuro marido, Hugo Sigal, unos años después. Más adelante, Hilda también entró a trabajar en este banco y al día de hoy ambas siguen trabajando ahí. Incluso yo me sumé a este legado familiar en 2009 cuando entré a trabajar en Credicoop.
Lita y Hugo Sigal se conocieron, se enamoraron y empezaron a salir durante el verano de 1983. Él era de descendencia rusa, con apellido judío, comunista y ateo. A Ángela, el trabajo en el banco no sólo la acercó al que sería el amor de su vida, sino que además terminó de formar su ideología progresista. En la sucursal de Villa Bonich el 90% de sus compañeros estaban afiliados al Partido Comunista y Lita se afilió sin dudarlo. Más adelante Hugo la sumaría a la “Fede”, como llamaban a la juventud del partido, y ella terminaría en la casa central de este banco cooperativo siendo la encargada de repartir la revista partidaria a sus compañeros. Es importante recordar que todo esto transcurría en plena dictadura cívico-militar y que, por supuesto, todo era clandestino, por eso, ni Francesco ni Ovidia supieron nada acerca de la militancia de su hija.

Cuando
la relación entre Lita y Hugo se volvió seria, ella lo llevó a Villa Bonich y
se lo presentó su familia. A pesar de venir de un mundo muy diferente, Hugo le
cayó bien de entrada a mis nonnos. Lo que ellos no sabían era el “bochornoso”
secreto de él: era separado. Se lo ocultaron a los tanos durante todo el
noviazgo y recién se lo contaron cuando decidieron casarse. Encima no podían
casarse legalmente, –porque no existía el divorcio– ni mucho menos por iglesia.
Solos les quedaba hacer una fiesta simbólica para celebrar su amor. Así que cuando
se enteraron la verdad fue casi una desagracia para ellos. Francesco no le
habló a su hija hasta el mismísimo día de la fiesta de casamiento, a la cual decía
que no iba a asistir. Una recordada frase que Ovidia le dijo a su hija aquel
día de confesiones fue: “Judío,
comunista, asmático y encima ¡SEPARADO! ¡¿Vos nos querés matar?!”. En
realidad, el gran problema para los tanos era “el qué dirán”. En el barrio los chismes
y prejuicios abundaban, y para ellos era un completo bochorno que los vecinos
se enterasen que su hija no podía casarse legalmente. En aquél barrio de Villa
Bonich se vivía dentro de una verdadera comunidad italiana en la que se conocían
todos y cada uno de los vecinos. Además de la vereda compartían el club y la
iglesia que eran las dos instituciones más fuertes de aquel entonces en donde
ellos socializaban.
Sin embargo el tiempo pasó y finalmente llegó el día del casamiento entre Lita y Hugo, en un salón de fiestas en San Martin sobre la calle Ayacucho. El tano, que no hablaba con su hija desde la confesión, no solo asistió al evento sino que además fue el alma de la fiesta como siempre. La historia “oficial” que contaron a todo el barrio fue que los jóvenes no se casaban por iglesia porque él era judío, y que el civil era en Capital, o sea, demasiado lejos, y que por eso no habían invitado a los vecinos.

A lo
mejor sea sólo un mito, pero se dice que Francesco Carulli tuvo una historia
extra matrimonial con otra mujer ya más de grande. Cuenta la leyenda que hasta
desapareció 40 días en los cuales se sospecha que se fue con ella. En ese
período la nonna Ovidia compró un departamento en San Martin para irse a vivir
con Hilda, pero finalmente se quedó en su casa de la calle Guido Spano. Ese
departamento luego sería la casa de soltera
de mi tía Hilda, donde pasamos grandes momentos.
Francesco
y Ovidia disfrutaron mucho ser abuelos de su primer nieto: Nicolás, o sea yo. El
nonno cada vez que podía me paseaba por el barrio para que los demás vieran a
su nieto, que encima era varón. Le encantaba jugar conmigo y disfrutaba de “hacer
vereda” mientras comíamos aceitunas del olivo que tenían en la entrada de la
casa. Fue un abuelo amoroso y muy atento, a diferencia de su desempeño como
padre, en el poco tiempo que pudo disfrutarlo hasta su repentina muerte. Cuatro
años después de que nací y unos meses antes de que naciera mi hermana, Daniela,
su segunda nieta a la cual no llegó a conocer, Francesco fallece.
La
muerte del nonno empieza con una simple caída en la calle, un tropiezo que lo
dejaría internado con una rotura de cadera y haría que Ovidia vuelva
anticipadamente de Bariloche, donde vacacionaba con su cuñada Ana por primera
vez en su vida. Estuvo más de un mes internado en el hospital Castex (ahora llamado
Eva Perón), sobre la calle Ruta 8. Este lapso tan prolongado de internación fue
debido a que los médicos no se animaban a operar su cadera por el sobrepeso de
Francesco y sus antecedentes de preinfarto. Sin embargo lo operaron y luego
sufrió una trombosis por la cual lo tuvieron que volver a intervenir
quirúrgicamente. Luego de dos operaciones y un mes de lucha, su corazón dejó de
funcionar un 29 de Enero del año 1991, a sus 66 años de edad.
Después
de la muerte de Francesco, la nonna empezó con problemas de salud. A pesar de
que tenían una relación complicada, ella siempre dijo que él era el amor de su
vida y que cuando lo perdió una parte de ella se fue con él. Al poco tiempo le
diagnosticaron diabetes y pasó a ser insulina-dependiente. También tuvo
culebrilla. Más tarde le detectaron un cáncer de colon, pero la operaron y se
recuperó bastante bien.
Años
después de enviudar, Ovidia tuvo un par de novios. El más polémico fue Gabriel,
el sodero de la cuadra, que era 20 años menor que ella y se conocían de
siempre. Y el más serio fue Antonio, con quien compartió los últimos años de la
vida de él.
La
nonna pudo disfrutar de sus nietos y fue una abuela amorosa. Además tuvo una
sorpresa llegando al ocaso de su vida: su hija Hilda conoció a Alejandro
Bazilio, y al poco tiempo quedó embarazada de su tercer y último nieto. Lo
llamaron Francesco, como su difunto esposo. Al igual que el nonno conmigo,
Ovidia pudo disfrutar a su último nieto hasta que cumplió cuatro años. Era una abuela
obsesiva del abrigo, siempre tenía frío y vivía preocupada porque sus nietos no
pasáramos frío. Insistía hasta el cansancio para que nos abrigáramos.
Diez años después de recuperarse de aquel cáncer, este haría metástasis y volvería a aparecer pero esta vez en el hígado, y eso sería lo que finalmente terminaría con su vida a los 75 años de edad, el 13 de Mayo del año 2009, después de miles de internaciones y de muchos años peleando por su salud.

En
este 2020, más precisamente en Octubre, va a nacer el bisnieto de Francesco y
Ovidia, mi hijo, y lo consideré un motivo suficientemente poderoso como para dedicarle
el tiempo que merecía esta historia. Agradezco enormemente la ayuda de todos
mis familiares por la buena predisposición para responder mis inagotables
preguntas.

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